COPRESENCIAS

 

“El cuerpo de la letra: camuflaje y resistencia”, como un ejercicio de convivencia, de colectividad o comunidad, en un espacio pequeño, levantado, ablandado y proyectado. Un espacio íntimo, tapado por una tela en dos de sus cuatro extremos, que a veces tapa y otras veces muestra dejando huellas, manchas. Un espacio del recuerdo que alude a una memoria que se hace presente en el movimiento e interacción de cinco cuerpos en unos tres metros cuadrados aproximadamente, y a unos quince centímetros sobre la superficie del suelo.

 

La memoria en este caso actúa como recurso o material para la instalación de una presencia, como un modo de estar en aquel espacio o lugar que describo más arriba. La memoria o el recuerdo para accionar un cuerpo que se expande en sonido hacia afuera y que se camufla en imagen hacia adentro.

 

El sonido como reververancia de esa memoria que se oculta como instrucción o mecanismo de resistencia (o para estar vivos?). Nuestros cuerpos suenan a través de testimonios que ya no olvidaremos porque estos nos han tocado, y producto de ello, las letras se ha vuelto cuerpo, vale decir, en nuestros cuerpos.

 

El cuerpo ancla en alguna parte aquellos nombres, puntos de encuentro, acciones y archivos con los que nos hemos encontrado a lo largo del proceso, volviéndolos imagen, movimiento, e incluso solamente una intención…porque a veces no hace falta nombrar lo que aparece. Sólo aparece y se enuncia en la medida en que nos estamos viendo (percibiendo).  Por esta razón hay momentos de resistencia que aluden a momentos de mucha agitación y agotamiento físico para luego llegar a la quietud de un cuerpo en latencia… como si algo fuese a cambiar en cualquier momento.

 

Es así como entonces aparece el testimonio producto de la combinación entre memoria y cuerpo, el cual se expande en movimiento-imagen-sonido de manera relacional en el espacio. En este caso podría afirmar que he podido encontrar en mi cuerpo fragmentos del relato de Viviana por ejemplo, y por tanto, sería preciso quizás en vez de hablar de memoria podríamos evocar la expresión de “copresencia” como una vibración permanente de movimientos en nosotros que vienen de otro tiempo para accionar y modificar de algún modo el aquí y ahora.

 

 

Daniella Santibáñez.

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