Narraciones corporales del sonido como experiencia y relato del pasado

Cuando hablamos, cuando nos movemos, cuando respiramos el sonido que emitimos está comunicando consciente e inconscientemente diferentes y/o impensados mensajes a un receptor concertado o a uno imprevisto, mensajes que pueden ser o no decodificados por los receptores y desde los cuales es posible o no constituir una narración con lógicas establecidas o ser solamente una sonoridad.

Esta dimensión de lo impensado y a su vez, esta noción del sonido del cuerpo como emisor ha sido clave para articular la obra El cuerpo de la letra, en ella el cuerpo concebido como vehículo entre la ausencia del cuerpo del otro y su posesión por parte de las intérpretes, ha llevado al relato a una dimensión en que lo sonoro en su totalidad corporal se convierten en el narrador.
Acá el texto, la letra ha sido coporalizada mediante las transparencias y los reflejos de la letra en el cuerpo del otro, pero cuál es esta letra: por un lado esta el relato de una historia de amor truncada por los acontecimientos y un contexto de violencia de Estado, por otro esta el texto proveniente de un instructivo de la resistencia a esa violencia, y por otro lado encontramos la ficción que se ha producido en este intercambio de relatos y narraciones, de épicas y fracasos, de finales dramáticos y de espacios simbólicos que sólo aparecen para quienes pueden decodificar los códigos que existen en una historia que no termina de cerrar.

Los restos acá operan como respiraciones, el cuerpo respira y evoca imágenes, unas susurran otras hablan claro y fuerte, unas repiten lo que les quedó del relato de Ella, y así se mezclan como en todo proceso de traspaso el pasado. Acá el narrador es una voz y un cuerpo afectado por el cuerpo mismo que se mueve, agita, transpira, entiende, in-comprende, se acerca y aleja del pasado que parece simultáneamente cercano y lejano.
De este modo, cada palabra emitida, cada palabra sudada transmite una parte de la historia, cada palabra a su vez sujetada por el sujeto que la emite en un movimiento, cada palabra entreteje la narración de una historia de represión, cada palabra sonora y corpórea narra lo innarrable y quizás es eso al final, quizás es imposible narrar la imposibilidad de comprender la violencia ejercida sobre el cuerpo del otro.

Fueron, fueron, fueron por mi hermana. Desaparece, desaparece
Nos llevaron nos llevaron, toda la familia
Exilio
Sangro
Miedo
Desaparecer
Miento, miento mucho
Sangro, sangro mucho

Verónica Troncoso

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