¿Como sostener la presencia de una ausencia?
Las vacas sagradas siguen siendo las mismas.

Entro al espacio negro, percibo los cuerpos de las otras interpretes a mi alrededor. Una luz naranja me rebota en los poros. Viviana Uribe, oigo de fondo su voz imperativa relatando las ultimas horas vividas con Fernando Vergara, su pareja y compañero en clandestinidad. La provocación que inaugura la exploración de este ensayo es: “¿en que parte del cuerpo resuena el audio?

¿En que parte del cuerpo resuena el audio?

El audio es presencia física, ondas que viajan y llevan un relato.

Cierro mis ojos. El relato encuentra donde asentarse, como esas piedras lanzadas al agua y que encajan perfectamente con las piedras del fondo del lago.

¿En que parte del cuerpo resuenas Viviana?

Una sensación tubular, áspera y vaciada se traza entre mi garganta y pubis.
Pienso en la autoimagen, en la ficción de la autogegrafía. ¿Cuánto de lo que somos es movido por esas ficciones?

Auto imagen. Geografía por capas.

Mi respiración es breve y vaciada. Me muevo sin aire dentro de mi. Curvo mi columna, boca entreabierta, me detengo. ¿Son las penas de siempre? Me pregunto.

“Duermo, sueño, miento mucho. Se ha desvanecido la poderosa forma pajaril”

L tiene cinco años y es mi sobrina. Pequeña ¿Cómo te explico con imágenes simples que un cuerpo mata a otro cuerpo, lo tortura, lo hace desaparecer y no hay moraleja en el cuento? No hay reparación, no hay nada de nada. Me preguntas por esa foto en la pared del barrio Yungay. Está en blanco y negro, el rostro feliz del periodista es completado por detalles de su macabro asesinato. “¿Por qué su madre pegó su foto ahí?” Me preguntas.

Amas los pajaritos, yo deseo que tu poderosa forma pajaril nunca se conforme.

Las vacas sagradas siguen siendo las mismas

Pausa

Cada intérprete comparte con las demás aquella resonancia corporal encontrada.

Soy la primera, me paro en el centro del espacio, curva densa en mi pecho, una sensación delantera que a ratos bordea mi hombro izquierdo, exhalo profundamente y en ausencia de espacios dentro de mi, camino lentamente por el fondo del espacio. Todos los ojos me miran, me bordean, entran. La mirada del otro es presencia y me mueve.

¿cómo será vivir clandestino? Pienso. ¿cómo vivir rehuyendo de la mirada otra? ¿quiénes son esos cuerpos sin mirar? ¿Quiénes son hoy esos cuerpos sin mirar?

Estoy nerviosa, disimulo. Presencia disimulada. Presencia des dibujada. Una lagartija en medio del desierto de Atacama, como los cuerpos en Chacabuco.

Una espalda íntimamente conocida.

Es en el gesto amoroso que nos reconocemos, nos reconfortamos. En el gesto amoroso persiste lo humano.

Viviana, invento tu cara y desearía reparar tu poderosa forma pajaril, quizás mirarte.

Camila Delgado

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