INSTRUCCIÓN: OLVIDAR LOS NOMBRES

 

A propósito de la memoria y el olvido, comparto este pequeño extracto del libro de  Laurence Louppe, Poética de la danza contemporánea, página 47.

 

“En el curso de encuentros muy importantes, en Arles, en 1989, Dominique Dupuy había hermandado los términos <<memoria>> y <<olvido>>.Esta interrelación es esencial: la memoria, en efecto, no es un valor en sí mismo. Debe ser pensada y sopesada a cada instante. La memoria solo tiene valor frente a la ideología del olvido, sólo tiene un valor dialectico e interrogativo. Pues el olvido, por su parte, expande sus cenizas: vestigios de sumisiones no confesadas, de formalismos consentidos. Petrifica en sus abdicaciones secretas las esperanzas de libertad inalcanzadas. El olvido es una de las formas de los sistemas dominantes sobre los cuerpos: impone los modelos del momento, ineludibles, arrojando a la invisibilidad todo aquello que es exterior a ellos. La memoria (si sirve para algo) tiene, muy al contrario, una fuerza de fijación modelizante: puede interpretar el desgarro del tránsito, la pérdida de las identificaciones especulares en favor de un cuerpo transitorio, de un cuerpo que nunca enraíza su origen en una esencia determinada, menos aun en un molde, sino que se construye (o se deconstruye) en la historia. Un  cuerpo-historia, evolutivo, tomado y transportado por la historicidad a través de su tiempo propio. Es por ello que la temática de la memoria, como veremos, ocupa un espacio en un planteamiento de la poética de la danza. Como uno de los instrumentos de la poética. Como recurso de la poética de un cuerpo apartado de toda autoridad establecida. Pero también como articulación de saberes específicos del cuerpo contemporáneo que confieren a la memoria de los movimientos y de los cuerpos en su dimensión a la vez existencial y cognitiva.”

 

Daniella Santibáñez.

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